
Quienes conocieron al Padre Hurtado han relatado una serie de hechos en los que parece que la Providencia sale en su auxilio cuando el Padre más lo necesita. He aquí algunos ejemplos:
a) El año 1948 el Padre presenta al Consejo Superior del Hogar de Cristo un proyecto elaborado por un arquitecto para la construcción de un hogar para los niños, cuyo presupuesto es de un millón. El Consejo, preocupado por los muchos gastos y compromisos, rechaza el proyecto por entonces. El Padre no quiere forzar, pero sale de la reunión, llamado de la portería del Colegio, para atender una señora que, junto con su marido, le dice: «Habíamos pensado dejarle en testamento una suma, pero hemos creído mejor darla en vida», y le pasa un sobre con un cheque. El Padre agradece y al volver a la reunión, lo ve con gratitud emocionada: era de un millón. Lo extiende ante el Consejo, diciendo: «¡Hombres de poca fe!».
b) Se inaugura la Escuela Granja de Colina. Se necesita una bandera chilena. Nadie de los presentes tiene una de las dimensiones requeridas. Estamos en plena guerra, la lana inglesa está por las nubes... ¿qué hacer?. Termina la reunión. Dos señoras están a cargo del ropero, queda tiempo hasta la hora de almuerzo; han llegado algunos paquetes... se podría ordenar algo. De repente un grito: al abrir uno de los paquetes aparece una bandera de las dimensiones requeridas. Cortas se hacen las piernas para llevarle la bandera al Padre.
c) «Necesito unos uniformes azul marino para 10 y 12 años» -es el Padre que habla, tiene un caso trágico y hay que internar a unas niñitas. Por una casualidad, que el Padre llama Providencia, esa misma mañana han llegado uniformes y delantales de la talla requerida... «El Patrón es tan fino».
d) No hay patatas. La monjita ha lanzado un S.O.S. y el Padre pide a sus colaboradores que traten de conseguir unos sacos: «la hospedería está repleta y la gente tan pobre y hambrienta». Suena el timbre del Hogar de Cristo... un camión de patatas. La explicación del propietario es muy sencilla: no le dieron el precio que él pedía, prefiero botarlas dice mientras se marcha. De repente se acuerda haber oído hablar del Hogar de Cristo; en el guía de teléfonos ve la dirección... y allí está con sus patatas. La monjita le hace recorrer la casa explicándole la obra. El hombre se rasca la cabeza mientras dice: «¿quién me hubiera dicho esta mañana a dónde iban a parar mis patatas? ¡No lo hubiera creído!».
¡Caminos de la Providencia!
a) El año 1948 el Padre presenta al Consejo Superior del Hogar de Cristo un proyecto elaborado por un arquitecto para la construcción de un hogar para los niños, cuyo presupuesto es de un millón. El Consejo, preocupado por los muchos gastos y compromisos, rechaza el proyecto por entonces. El Padre no quiere forzar, pero sale de la reunión, llamado de la portería del Colegio, para atender una señora que, junto con su marido, le dice: «Habíamos pensado dejarle en testamento una suma, pero hemos creído mejor darla en vida», y le pasa un sobre con un cheque. El Padre agradece y al volver a la reunión, lo ve con gratitud emocionada: era de un millón. Lo extiende ante el Consejo, diciendo: «¡Hombres de poca fe!».
b) Se inaugura la Escuela Granja de Colina. Se necesita una bandera chilena. Nadie de los presentes tiene una de las dimensiones requeridas. Estamos en plena guerra, la lana inglesa está por las nubes... ¿qué hacer?. Termina la reunión. Dos señoras están a cargo del ropero, queda tiempo hasta la hora de almuerzo; han llegado algunos paquetes... se podría ordenar algo. De repente un grito: al abrir uno de los paquetes aparece una bandera de las dimensiones requeridas. Cortas se hacen las piernas para llevarle la bandera al Padre.
c) «Necesito unos uniformes azul marino para 10 y 12 años» -es el Padre que habla, tiene un caso trágico y hay que internar a unas niñitas. Por una casualidad, que el Padre llama Providencia, esa misma mañana han llegado uniformes y delantales de la talla requerida... «El Patrón es tan fino».
d) No hay patatas. La monjita ha lanzado un S.O.S. y el Padre pide a sus colaboradores que traten de conseguir unos sacos: «la hospedería está repleta y la gente tan pobre y hambrienta». Suena el timbre del Hogar de Cristo... un camión de patatas. La explicación del propietario es muy sencilla: no le dieron el precio que él pedía, prefiero botarlas dice mientras se marcha. De repente se acuerda haber oído hablar del Hogar de Cristo; en el guía de teléfonos ve la dirección... y allí está con sus patatas. La monjita le hace recorrer la casa explicándole la obra. El hombre se rasca la cabeza mientras dice: «¿quién me hubiera dicho esta mañana a dónde iban a parar mis patatas? ¡No lo hubiera creído!».
¡Caminos de la Providencia!