
El editorial –escrito por el prestigioso periodista católico Vittorio Messori– explicaba que el dossier ratifica que “en ese rincón de la tierra se ha verificado un evento que no tiene explicación humana y que remite al misterio de lo sobrenatural”.
Messori resalta el testimonio del Obispo de Civitavecchia, Mons. Girólamo Grilli, “que pasó del más radical escepticismo a la aceptación del enigma” cuando en la mañana del 15 de marzo de 1995, mientras tenía en sus manos la estatua, de los ojos de ésta comenzó a salir sangre, que alcanzó hasta el cuello de la figura.
El dossier incluye también la documentación de todas las investigaciones realizadas, así como el informe del experto mariano Stefano De Fiores, quien afirma que “aquí está la mano de Dios”.
El caso de la Madonnina de Civitavecchia –una ciudad ubicada a 70 kilómetros al norte de Roma– saltó a la luz el 2 de febrero de 1995, cuando Jessica Gregori, una niña de cinco años, notó lágrimas de sangre en la cara de la imagen de 43 centímetros que les había traído de Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) el párroco de la iglesia local de San Agustín, el Padre Pablo Martín.
El 10 de febrero de 1995 un análisis hecho por expertos del Policlínico Gemelli de Roma señaló que se trataba de sangre humana con caracteres masculinos. La estatua fue guardada en un armario del obispado y el 15 de marzo, cuando Mons. Grilli la sacó delante de otras tres personas, la estatua volvió a derramar sangre en sus manos. En total fueron catorce veces las que la Madonnina lloró.
La imagen de yeso fue confiscada por la magistratura durante varios meses en 1995 y a mediados de ese año, tras ser levantada la confiscación, fue colocada definitivamente en la iglesia de San Agustín.